Había una palabra tocando mi boca, para que la abriera y pudiera revindicar su camino en la mente de otro.
Son esas palabras las que llegan sin avisar, sin un significado, simplemente llegan y se acuestan, a esperar el momento en las que sean liberadas.
Hoy me tocó catarsis.
Mi madre está pasando por un proceso bastante difícil, yo diría rutinal y tradicional.
Ya es normal no entenderla ni que nos entienda, ya es normal haber perdido su percepción como madre pero ella no lo ha hecho,
Ella sigue creyendo que tengo 7 y mi hermana 12, que la acompañaremos a ver la película de Coco, por unos mariscos, que la llevaremos a la playa o a Tapalpa, que nos tomaremos fotos en Andares apenas construyéndose y que le pediremos que contrate a un payaso en nuestra fiesta de cumpleaños.
Mi madre ha sido una mujer muy grande, y digo que lo ha sido porque ahora lo ha olvidado.
No hay peor pérdida que la de memoria, y lo peor de eso, es que no duele. Como te puede doler algo que ya no evoca nada, nunca ha existido, nunca ha sido persona, solo una estatua, a veces sucia, a veces reluciente, siempre intentando que las otras estatuas (su familia) den su mejor cara.
Qué hay de mi madre, no le importa, y no le ha importado desde que nacimos porque desde entonces, hemos sido su único motor.
Sus únicas alas, su par de remos y zapatos, hasta Hermes querría uno como los suyos.
Mamá.
Catarsis.
Es hora de morir.
De matar a la persona que crees que eres.
Y de purificar a la persona que no crees que eres.
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