Hay seres espantosos habitando en la playa,
se escabullen y tienen las mismas
capacidades de adaptación que
cualquier humano
Se enganchan a uno con fuertes mordidas y
luego lloran para mostrarse indefensos
Se reproducen como si no existiera
la palabra inconveniencia,
disfrazan su monotonía
con bits de audio y fotografías,
pixeles, correos,
les hacen llamar placer
Estos horrendos caminantes
son unas bestias urbanas que
dejan un hedor a plata y cigarrillos baratos,
con sus múltiples pisadas aplastantes
hacen añicos a los instantes,
escupen fuego sobre las cabañas ajenas y
a esas cenizas restantes
las apodan hogares y empresas
Cargan un pequeño cetro,
me gusta nombrarlos HIPNOTIZADORES,
son pequeños como sus manos pero
se elevan mucho más allá de sus cabezas,
las bestias llegan a ser irreconocibles
cuando los cargan,
o se descargan
A mi experiencia,
las bestias son bastante volátiles
y mutables,
aunque paradójicamente tienen incrustado
un patrón dialéctico de respuesta y
gesticulación inmediata
Sus hipnotizadores hablan por ellos,
sé de casos que,
dependen directamente de ellos
debido al deterioro terminal que provocan
No piensan ni ven,
no sienten y han dejado de conocer pero
miedo tienen, cuando sus hipnotizadores
ojos, lengua y mente
muestran la negra cara
Son tales y tantas las bestias que
todo lo que habite y vive lejos de ellos,
ha dejado de ser existente,
o bien,
nunca llegó a serlo
Lamentablemente estoy infectado,
aunque siga luchando,
aunque siga descifrándolos,
mi ascendencia,
mis padres y primos,
al igual que mi descendencia,
estamos atrapados en un cuerpo
bestial urbanizado
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