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jueves, 14 de marzo de 2019

La Dama

Era un horror terrible
olvidarse de aquel lugar 
creado por ella y aquel alguien
tuvo que renunciar a todos, 
a sus amigos y familiares, 
a sus estudios, de su cosmovisión, 
tuvo que olvidarse de casi todo 
incluso de ella misma 
para habitar en aquel prado 
antes llamado hogar


Era inmenso, 
pues en 5 años hasta un niño 
construye un castillo de arena gigante, 
pero era ya inhabitable, 
los muebles 
ya ni les hablaban, 
las pinturas 
siempre se hacían de la vista gorda, 
el café 
se negaba a calentarse y los perros 
ya ni ladraban para aparentar su muerte 
Qué terror el de esta mujer, 
de renunciar a su hogar, 
no hay camino ya, 
solo un prado y una persona, 
ambas igual de horribles que su temor, 
el confort la carcomía


Un hombre de estatura baja, 
alto en conocimientos e introspecciones 
fue a visitarla, 
entre caminos ecrucijados dio a parar 
en su hogar, la fachada era hermosa, 
relucía amarillo por las tardes 
y tornaba a naranja en las casi noches, 
traía su djembe de un lado pues 
la música siempre lo acompañaba
grata de conocer a otro alguien, 
lo invitó a pasar, 
sin pena de que encontrase 
aquellas horripilancias de por dentro
hablaron de un sin fin de cosas, 
mientras había café caliente 
y melodías de fondo, 
las pinturas 
les miraban regocijadas, 
los muebles 
atentos los escuchaban y hasta los libros, 
se impresionaban por no contener 
aquella historia dentro de ellos


Se escaparon

Una nueva cabaña, 

de altos pinos y una interminable biblioteca, como añoraba construir su antes hogar, 
un millón de niños podrían correr 
por los pasillos y ni se diga 
de los momentos, 
se convirtieron en recuerdos 
colgados en las estanterías, 
en fotos llenas de vida


Y aunque esta mujer 
haya desatado su malestar, 
el malestar mal aún estaba, 
el temor la acompañó 
hacia el fin de la existencia


El hombre murió de polio a los 72, 
ella, 
junto con los libros que le recordaban a él, las batas mojadas de la mañana, 
el café aún caliente, 
las grabaciones de sus ratos de ocio, 
todo le hacía recordar a aquél hombre 
pero nadie, ni nada, ni una mejor amiga, ahora sabía de la existencia 
de esa mujer en pena
solo conocía el destino 
de la soga atada a su cuello, 
sabría qué pasaría, 
por los cuentos que le contaron de niña, 
por su tío, 
por el tío de su hombre, 
por el tío de varios hombres 
que nunca conoció

Puso fin a su encrucijada

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