Era un horror terrible
olvidarse de aquel lugar creado por ella y aquel alguien
tuvo que renunciar a todos,
a sus amigos y familiares,
a sus estudios, de su cosmovisión,
tuvo que olvidarse de casi todo
incluso de ella misma
para habitar en aquel prado
antes llamado hogar
Era inmenso,
pues en 5 años hasta un niño construye un castillo de arena gigante,
pero era ya inhabitable,
los muebles
ya ni les hablaban,
las pinturas
siempre se hacían de la vista gorda,
el café
se negaba a calentarse y los perros
ya ni ladraban para aparentar su muerte
Qué terror el de esta mujer,
de renunciar a su hogar, no hay camino ya,
solo un prado y una persona,
ambas igual de horribles que su temor,
el confort la carcomía
Un hombre de estatura baja,
alto en conocimientos e introspecciones fue a visitarla,
entre caminos ecrucijados dio a parar
en su hogar, la fachada era hermosa,
relucía amarillo por las tardes
y tornaba a naranja en las casi noches,
traía su djembe de un lado pues
la música siempre lo acompañaba
grata de conocer a otro alguien,
lo invitó a pasar,
sin pena de que encontrase
aquellas horripilancias de por dentro
hablaron de un sin fin de cosas,
mientras había café caliente
y melodías de fondo,
las pinturas
les miraban regocijadas,
los muebles
atentos los escuchaban y hasta los libros,
se impresionaban por no contener
aquella historia dentro de ellos
Se escaparon
Una nueva cabaña,
de altos pinos y una interminable biblioteca, como añoraba construir su antes hogar,
un millón de niños podrían correr
por los pasillos y ni se diga
de los momentos,
se convirtieron en recuerdos
colgados en las estanterías,
en fotos llenas de vida
Y aunque esta mujer
haya desatado su malestar, el malestar mal aún estaba,
el temor la acompañó
hacia el fin de la existencia
El hombre murió de polio a los 72,
ella, junto con los libros que le recordaban a él, las batas mojadas de la mañana,
el café aún caliente,
las grabaciones de sus ratos de ocio,
todo le hacía recordar a aquél hombre
pero nadie, ni nada, ni una mejor amiga, ahora sabía de la existencia
de esa mujer en pena
solo conocía el destino
de la soga atada a su cuello,
sabría qué pasaría,
por los cuentos que le contaron de niña,
por su tío,
por el tío de su hombre,
por el tío de varios hombres
que nunca conoció
Puso fin a su encrucijada
No hay comentarios:
Publicar un comentario