Eran tiempos funestos
La gente odiaba sin razón
No habían frutas en los puestos
Ni un poema hablaba del amor
Caminaba nervioso
Por las calles transitadas
Llenas de gestos celosos
No había nada que me animara
Todo tornó a escala de grises
El cielo gris
El mar gris
Los ojos grises
Paré a meditar un rato
Los edificios tapaban al sol
Todo se iba al carajo
Ya no era pertinte darle a las palabras voz
Nadie escuchaba
Nadie respiraba
Ni siquiera pensaban
Solo gritaban y corrían
Como si la vida se les fuera
Como si hubiese algo que atrapar
Como si estuvieran a segundos de la verdad
Como si alguien los fuese a delatar
Recuerdo los tiempos de colores
De arcoíris y espejos mágicos
Que convertían a las flores
En pingüinos del Ártico
Había imaginación como aire
Nos sumergiamos en ideas
Se nos iban las tardes
Compartiendo juntos sin pena
No recuerdo como todo cambió
Desperté y ya no había color
Ni olor, con mucho pudor
Solo negrura y personas con sudor
Extraño tanto el color amarillo
De todos los días
Que me pegaba a la cara
Y me motivaba a caminar
def explora_reduce_integra(): print("explora, reduce, integra")
martes, 23 de abril de 2019
Se fue
Estaba harto
De tantas quejas y trabas
Me tenían hasta la madre
Esos comentarios incompletos
Sin sentido, sin valentía
Me sentía un estúpido
Por amar
Y no ser correspondido
Por querer dar lo imposible
Aunque nadie daría lo imposible por mí
De verdad
Creía en el amor
En esa exclusividad íntima
En el enamoramiento y luego en el amor
No existe nada de eso
Ni una palabra de aquello
Solo quedaba observar de lejos
Como otros se besuqueaban
Se sonreían y luego caminaban
Agarrados de las manos
Nada parecía importarles
Solo ellos mismos
Añoraba algo así
Poderlo acoger en mi mente
Y cuerpo
Por su esencia
Estaba agotado
De tener que imaginar todo
Con la gente incorrecta
Y en los momentos incorrectos
Me resignifiqué
Hay gente que solo vive para ver
Hacer música, letras en oda
A lo que sus manos no pueden tocar
Había aceptado ese camino
Cada día, me sentía más agusto conmigo
Me agarraste de la mano
Olvidé lo que era yo
Olvidé mis versos del desamor
Olvidé mis lágrimas por desamor
Olvidé el odio y el rencor
Por un momento
Olvidé como querer
No dudaba
Ni tú
Me aferraba a ti
Y tu a mí
No nos queríamos apartar
Nuestros cuerpos parecían complementarse tan bien
Nos veíamos
Nos sonreímos
Nos acercabamos
En cada respiro más
Nos juntaban los labios
Nos veíamos
Nos sonreímos
Nos alejabamos
En cada suspiro más
Hasta que
Se fue
Ni un rato más
Ni una palabra o toque más
Se fue
Me sentía un estúpido
Por amar
Y haber sido correspondido
Por querer dar lo imposible
Sentir esa imposibilidad de vuelta
Y dejarlo ir
Se fue
Y no vuelva nunca
Solo como recuerdos
Como excusas para sonreír
Y lamentarse
De tantas quejas y trabas
Me tenían hasta la madre
Esos comentarios incompletos
Sin sentido, sin valentía
Me sentía un estúpido
Por amar
Y no ser correspondido
Por querer dar lo imposible
Aunque nadie daría lo imposible por mí
De verdad
Creía en el amor
En esa exclusividad íntima
En el enamoramiento y luego en el amor
No existe nada de eso
Ni una palabra de aquello
Solo quedaba observar de lejos
Como otros se besuqueaban
Se sonreían y luego caminaban
Agarrados de las manos
Nada parecía importarles
Solo ellos mismos
Añoraba algo así
Poderlo acoger en mi mente
Y cuerpo
Por su esencia
Estaba agotado
De tener que imaginar todo
Con la gente incorrecta
Y en los momentos incorrectos
Me resignifiqué
Hay gente que solo vive para ver
Hacer música, letras en oda
A lo que sus manos no pueden tocar
Había aceptado ese camino
Cada día, me sentía más agusto conmigo
Me agarraste de la mano
Olvidé lo que era yo
Olvidé mis versos del desamor
Olvidé mis lágrimas por desamor
Olvidé el odio y el rencor
Por un momento
Olvidé como querer
No dudaba
Ni tú
Me aferraba a ti
Y tu a mí
No nos queríamos apartar
Nuestros cuerpos parecían complementarse tan bien
Nos veíamos
Nos sonreímos
Nos acercabamos
En cada respiro más
Nos juntaban los labios
Nos veíamos
Nos sonreímos
Nos alejabamos
En cada suspiro más
Hasta que
Se fue
Ni un rato más
Ni una palabra o toque más
Se fue
Me sentía un estúpido
Por amar
Y haber sido correspondido
Por querer dar lo imposible
Sentir esa imposibilidad de vuelta
Y dejarlo ir
Se fue
Y no vuelva nunca
Solo como recuerdos
Como excusas para sonreír
Y lamentarse
lunes, 22 de abril de 2019
Donde las montañas gritan y el viento acaricia
Un sinfín de niños alocados regocijados a la entrada de 7 misioneros, nunca se tuvo claro cual era su misión, pero ahí estaban, sudados y cansados. Nadie creyó nunca que llegarían lejos, pues bien, unos se tropezaron en el camino a la comunidad, unos alucinaron y como fue mi caso, quería rendirme mucho antes de toda esta Odisea. Desde abajo de la sierra, pisando la tierra, solo queríamos dejar de gotear, dejar de suspirar cansancio y encontrarnos con un lindo arroyo, meter nuestras cabezas hasta adentro para bautizarnos y renacer en otro misionero. No fue así. Las puertas de la capilla siempre estuvieron abiertas, ahí aguardaban los misionados, niños sonrientes y tímidos, adultos sonrientes y tímidos, ni un adolescente. Carecía de un montón de cosas, de árboles con hojas y frutos, de agua potable, de terrenos manejables y seguros, de conexión con el mundo. Allá en la sierra lo único que se avistaba era la cabeza de un dragón y el cielo multicolor. No previnimos lo del agua, pero mis cuerdas, acompañadas de mi guitarra, formaban notas que fluían hasta los oídos de los animales. Era un espectáculo, no concebí el poder de mi guitarra ni el mío de sacarle música, tal vez era la compañía, la que creaba musica en mí y yo solo la interpretaba. No hablaban, al principio solo era la esposa del juez, la más pudiente. Con un par de lágrimas y dulces todo comenzaba a cobrar sentido, destaparon el huracán, las pobrezas, la monotonía, la ruptura y el abandono de sus familias por una vida 'mejor'. Habían unos que caminaban 4 hrs solo para escucharnos y vernos, para palparnos y envolverse de nosotros. Éramos queridos y no lo sabíamos. De casa en casa redescubríamos, conocíamos otra realidad dentro de la misma y era bastante inhabitable su comunidad, una especia de sociedad fantasma donde a nadie le importa si muere alguno, donde ni los servicios médicos se esfuerzan de ir a checarlos, donde, teniendo una capilla, el padre no se atreve a dar la cara, ni la presidenta. Las noches eran frías y estrelladas, se aparecían cosas raras a las 3 de la mañana y nadie lo esperaba, dormíamos donde velaban gente, disfrazado de colegio, pasamos un mal rato todas las noches.Tal vez, aquel espíritu, recorría todos los días el puente de su umbral al nuestro, agotado solo buscaba descansar y abrazar. Los días pasaban y cada vez más rápido, nadie nos detenía, excepto sábado, él nos frenó a todos de seco. Era increíble. El impacto que creamos hacia fuera y hacia dentro. Sentía que algo se caía, como una costra, que luego sanaría. Me sentía separado, se secaron mis palabras y mis ánimos, la suerte me dió fuerzas en las piernas para seguir caminando. Estaba cansado, pero quería seguir estándolo. Tal vez no encontramos agua potable, y tampoco un arroyo, pero sí nos sumergimos hacia las profundidades. Cuando despegamos la cabeza del agua, éramos otros siendo los mismos, con el pelo aún gris y el olor del cuerpo a vida, nos alargaron la boca en una tenue sonrisa.
domingo, 7 de abril de 2019
Amigo mío, me detesto demasiado
Te lo juro amigo mío, que no concebí esta emoción, de dormir 4 hrs diarias y tener una comida al día, de volver a contactar al dulce café y las vitaminas hidrosolubles de la mañana, te lo juro amigo mío, que haría lo fuera para salir de este abismo.
Amigo mío, no creeras las cosas que he sacrificado para llegar hasta acá, irónicamente, sacrifiqué horas de sueño y apetitos, todo por consumir de su idea falsa y maldita, amigo mío me siento más maldito que cuando tenía 12 años.
Fue una mañana, no había niños corriendo ni música en el aire como solía haber en los recreos, fue en horarios de clase, la cité en unas sillas cerca de la caja. Lo imaginé mejor, le concedí todos mis deseos y los recibió con una mirada fría e indescifrable, me miró y yo la miré, me gustó y en ese momento, creí que también le gusté, tras pausas prolongadas declaramos el silencio y nos conquistaron los pensamientos, nos hicimos paralelos, nunca tocándose.
Aquella mañana, aún la huelo, fue la última vez que me sentí cómodo con ella, que ella se sintió comoda conmigo y que compartimos miradas como solíamos compartir música.
Amigo mío, te juro que daría lo que fuera porque nada de eso hubiera sucedido, que hubiera permanecido en mi mente y a ratos evocara ligeras sonrisas y esperanzas.
Amigo mío, no se que hacer conmigo, me detesto demasiado.
Amigo mío, no creeras las cosas que he sacrificado para llegar hasta acá, irónicamente, sacrifiqué horas de sueño y apetitos, todo por consumir de su idea falsa y maldita, amigo mío me siento más maldito que cuando tenía 12 años.
Fue una mañana, no había niños corriendo ni música en el aire como solía haber en los recreos, fue en horarios de clase, la cité en unas sillas cerca de la caja. Lo imaginé mejor, le concedí todos mis deseos y los recibió con una mirada fría e indescifrable, me miró y yo la miré, me gustó y en ese momento, creí que también le gusté, tras pausas prolongadas declaramos el silencio y nos conquistaron los pensamientos, nos hicimos paralelos, nunca tocándose.
Aquella mañana, aún la huelo, fue la última vez que me sentí cómodo con ella, que ella se sintió comoda conmigo y que compartimos miradas como solíamos compartir música.
Amigo mío, te juro que daría lo que fuera porque nada de eso hubiera sucedido, que hubiera permanecido en mi mente y a ratos evocara ligeras sonrisas y esperanzas.
Amigo mío, no se que hacer conmigo, me detesto demasiado.
jueves, 4 de abril de 2019
Última Temporada
La luz se apagó y por fin me veo cubierto en sábanas negras sobre mi cojín, sudo del cansancio y la falta de aire. Desde otra perspectiva, se aprecian a las sábanas concibiendo a un niño, pateando en cada suspiro, forcejando la entrada a la realidad, en dejar de respirar paulatinamente y agarrar aire a bocanadas.
Dios, que sus órganos ardan por el presunto oxigeno y la unica queja de aquello sean los llantos.
No soy un bebé, he olvidado serlo, el estrés me ha borrado los buenos ratos y los ratos que tenía, hace poco, eran producto de éste. ¿Será que soy un adicto? Ahora padezco de esta anomalía normal, una normalía. Todo ahora se muestra visible, los pensamientos, de estar estancados y cubiertos por proyectos, sesiones, cosas disque importantes, comienzan a transitar. Hay un tráfico dentro de mi cuerpo, se mueve tanto ahí dentro que soy imperceptible para la realidad.
Oigo bullicios y zumbidos, no es nada más que mis pensamientos mutando.
¿Pero dónde lo empaqueto? Toda esta mierda necesita un rincón, un cajón, un frasco de latón. No puedo dejar que se quede mucho tiempo ahí, me quemaré y también mis dedos por intentar enmendarlo a cigarrazos.
Me picó una abeja en la tarde, es la primera que se ha atrevido a picarme y lo imaginaba peor, esa sensación abstracta de miedo que se genera al pronunciar alacrán o vibora de cascabel, lo mismo ocurría con abeja o mayate. Después del acto suicida del animal, solo se me hinchó un rato el cuello, pareciera que mi piel se hubiera enojado por un tiempo y solo quería cambiar su rostro a carmesí. Se siente bien sentir, sentir que te duele, sentir que hay algo de más, sentir que estás vivo y no eres un alma más.
Cada día me acerco a la estación, me avisaron que sería un viaje bastante largo y con lágrimas de por medio, valijas de estrés entre todos los asientos. Jamás bajarían del tren sin antes habernos saludado, sin antes haber guardado algo dentro de ellas.
Ahora que me alejo de Obelisco, cada día más, recuerdo aquel 24 de agosto, donde todo se era perdido para mí. Recuerdo la frustración y la amplia apatía ante las cosas.
Extraño mi esperanza.
Dios, que sus órganos ardan por el presunto oxigeno y la unica queja de aquello sean los llantos.
No soy un bebé, he olvidado serlo, el estrés me ha borrado los buenos ratos y los ratos que tenía, hace poco, eran producto de éste. ¿Será que soy un adicto? Ahora padezco de esta anomalía normal, una normalía. Todo ahora se muestra visible, los pensamientos, de estar estancados y cubiertos por proyectos, sesiones, cosas disque importantes, comienzan a transitar. Hay un tráfico dentro de mi cuerpo, se mueve tanto ahí dentro que soy imperceptible para la realidad.
Oigo bullicios y zumbidos, no es nada más que mis pensamientos mutando.
¿Pero dónde lo empaqueto? Toda esta mierda necesita un rincón, un cajón, un frasco de latón. No puedo dejar que se quede mucho tiempo ahí, me quemaré y también mis dedos por intentar enmendarlo a cigarrazos.
Me picó una abeja en la tarde, es la primera que se ha atrevido a picarme y lo imaginaba peor, esa sensación abstracta de miedo que se genera al pronunciar alacrán o vibora de cascabel, lo mismo ocurría con abeja o mayate. Después del acto suicida del animal, solo se me hinchó un rato el cuello, pareciera que mi piel se hubiera enojado por un tiempo y solo quería cambiar su rostro a carmesí. Se siente bien sentir, sentir que te duele, sentir que hay algo de más, sentir que estás vivo y no eres un alma más.
Cada día me acerco a la estación, me avisaron que sería un viaje bastante largo y con lágrimas de por medio, valijas de estrés entre todos los asientos. Jamás bajarían del tren sin antes habernos saludado, sin antes haber guardado algo dentro de ellas.
Ahora que me alejo de Obelisco, cada día más, recuerdo aquel 24 de agosto, donde todo se era perdido para mí. Recuerdo la frustración y la amplia apatía ante las cosas.
Extraño mi esperanza.
El amor es fake
Me gustaría creer que mi falsa imagen del amor de verdad es falsa
que el amor no es como un príncipe azul, que
llega y el tiempo se vuelve impensable, que
no llega para convertir las calabazas en carrosas
y que tampoco llega para disfrutar solo de un baile
Me gustaría creer que es algo que se alimenta día a día
cual río que fluye y cualquier animal es digno
de inclinarse y tomar de su agua,
un amor sucio sin miedo a las manchas
sin miedo a la profundidad
e impropio de los tabúes
con la apertura de leer el kamazutra
de practicar la ouija,
con la apertura de perderse en la calle
de ir visitando bazares
y leyendo autores anónimos,
de observar catedrales inmensas
inalcanzables a nuestras manos
Pero no es así,
el tiempo se vuelve eterno,
se vuelve un devorador de sueños y de uñas,
te penetra con angustia e incertidumbre,
hasta el hambre te arrebata
y ese pequeño espacio mental
del que uno se cree dueño
lo mantiene abierto para el montón de pensares malestares,
ahora
lo comparto con mi montón de quimeras, tóxicas y con largas tenazas,
filosos colmillos y con punzantes garras
que el amor no es como un príncipe azul, que
llega y el tiempo se vuelve impensable, que
no llega para convertir las calabazas en carrosas
y que tampoco llega para disfrutar solo de un baile
Me gustaría creer que es algo que se alimenta día a día
cual río que fluye y cualquier animal es digno
de inclinarse y tomar de su agua,
un amor sucio sin miedo a las manchas
sin miedo a la profundidad
e impropio de los tabúes
con la apertura de leer el kamazutra
de practicar la ouija,
con la apertura de perderse en la calle
de ir visitando bazares
y leyendo autores anónimos,
de observar catedrales inmensas
inalcanzables a nuestras manos
Pero no es así,
el tiempo se vuelve eterno,
se vuelve un devorador de sueños y de uñas,
te penetra con angustia e incertidumbre,
hasta el hambre te arrebata
y ese pequeño espacio mental
del que uno se cree dueño
lo mantiene abierto para el montón de pensares malestares,
ahora
lo comparto con mi montón de quimeras, tóxicas y con largas tenazas,
filosos colmillos y con punzantes garras
domingo, 31 de marzo de 2019
Catarsis
Había una palabra tocando mi boca, para que la abriera y pudiera revindicar su camino en la mente de otro.
Son esas palabras las que llegan sin avisar, sin un significado, simplemente llegan y se acuestan, a esperar el momento en las que sean liberadas.
Hoy me tocó catarsis.
Mi madre está pasando por un proceso bastante difícil, yo diría rutinal y tradicional.
Ya es normal no entenderla ni que nos entienda, ya es normal haber perdido su percepción como madre pero ella no lo ha hecho,
Ella sigue creyendo que tengo 7 y mi hermana 12, que la acompañaremos a ver la película de Coco, por unos mariscos, que la llevaremos a la playa o a Tapalpa, que nos tomaremos fotos en Andares apenas construyéndose y que le pediremos que contrate a un payaso en nuestra fiesta de cumpleaños.
Mi madre ha sido una mujer muy grande, y digo que lo ha sido porque ahora lo ha olvidado.
No hay peor pérdida que la de memoria, y lo peor de eso, es que no duele. Como te puede doler algo que ya no evoca nada, nunca ha existido, nunca ha sido persona, solo una estatua, a veces sucia, a veces reluciente, siempre intentando que las otras estatuas (su familia) den su mejor cara.
Qué hay de mi madre, no le importa, y no le ha importado desde que nacimos porque desde entonces, hemos sido su único motor.
Sus únicas alas, su par de remos y zapatos, hasta Hermes querría uno como los suyos.
Mamá.
Catarsis.
Es hora de morir.
De matar a la persona que crees que eres.
Y de purificar a la persona que no crees que eres.
Son esas palabras las que llegan sin avisar, sin un significado, simplemente llegan y se acuestan, a esperar el momento en las que sean liberadas.
Hoy me tocó catarsis.
Mi madre está pasando por un proceso bastante difícil, yo diría rutinal y tradicional.
Ya es normal no entenderla ni que nos entienda, ya es normal haber perdido su percepción como madre pero ella no lo ha hecho,
Ella sigue creyendo que tengo 7 y mi hermana 12, que la acompañaremos a ver la película de Coco, por unos mariscos, que la llevaremos a la playa o a Tapalpa, que nos tomaremos fotos en Andares apenas construyéndose y que le pediremos que contrate a un payaso en nuestra fiesta de cumpleaños.
Mi madre ha sido una mujer muy grande, y digo que lo ha sido porque ahora lo ha olvidado.
No hay peor pérdida que la de memoria, y lo peor de eso, es que no duele. Como te puede doler algo que ya no evoca nada, nunca ha existido, nunca ha sido persona, solo una estatua, a veces sucia, a veces reluciente, siempre intentando que las otras estatuas (su familia) den su mejor cara.
Qué hay de mi madre, no le importa, y no le ha importado desde que nacimos porque desde entonces, hemos sido su único motor.
Sus únicas alas, su par de remos y zapatos, hasta Hermes querría uno como los suyos.
Mamá.
Catarsis.
Es hora de morir.
De matar a la persona que crees que eres.
Y de purificar a la persona que no crees que eres.
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