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jueves, 4 de abril de 2019

Última Temporada

La luz se apagó y por fin me veo cubierto en sábanas negras sobre mi cojín, sudo del cansancio y la falta de aire. Desde otra perspectiva, se aprecian a las sábanas concibiendo a un niño, pateando en cada suspiro, forcejando la entrada a la realidad, en dejar de respirar paulatinamente y agarrar aire a bocanadas. 

Dios, que sus órganos ardan por el presunto oxigeno y la unica queja de aquello sean los llantos.

No soy un bebé, he olvidado serlo, el estrés me ha borrado los buenos ratos y los ratos que tenía, hace poco, eran producto de éste. ¿Será que soy un adicto? Ahora padezco de esta anomalía normal, una normalía. Todo ahora se muestra visible, los pensamientos, de estar estancados y cubiertos por proyectos, sesiones, cosas disque importantes, comienzan a transitar. Hay un tráfico dentro de mi cuerpo, se mueve tanto ahí dentro que soy imperceptible para la realidad. 
Oigo bullicios y zumbidos, no es nada más que mis pensamientos mutando. 

¿Pero dónde lo empaqueto? Toda esta mierda necesita un rincón, un cajón, un frasco de latón. No puedo dejar que se quede mucho tiempo ahí, me quemaré y también mis dedos por intentar enmendarlo a cigarrazos. 

Me picó una abeja en la tarde, es la primera que se ha atrevido a picarme y lo imaginaba peor, esa sensación abstracta de miedo que se genera al pronunciar alacrán o vibora de cascabel, lo mismo ocurría con abeja o mayate. Después del acto suicida del animal, solo se me hinchó un rato el cuello, pareciera que mi piel se hubiera enojado por un tiempo y solo quería cambiar su rostro a carmesí. Se siente bien sentir, sentir que te duele, sentir que hay algo de más, sentir que estás vivo y no eres un alma más. 

Cada día me acerco a la estación, me avisaron que sería un viaje bastante largo y con lágrimas de por medio, valijas de estrés entre todos los asientos. Jamás bajarían del tren sin antes habernos saludado, sin antes haber guardado algo dentro de ellas.

Ahora que me alejo de Obelisco, cada día más, recuerdo aquel 24 de agosto, donde todo se era perdido para mí. Recuerdo la frustración y la amplia apatía ante las cosas. 

Extraño mi esperanza.

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