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domingo, 7 de abril de 2019

Amigo mío, me detesto demasiado

Te lo juro amigo mío, que no concebí esta emoción, de dormir 4 hrs diarias y tener una comida al día, de volver a contactar al dulce café y las vitaminas hidrosolubles de la mañana, te lo juro amigo mío, que haría lo fuera para salir de este abismo.
Amigo mío, no creeras las cosas que he sacrificado para llegar hasta acá, irónicamente, sacrifiqué horas de sueño y apetitos, todo por consumir de su idea falsa y maldita, amigo mío me siento más maldito que cuando tenía 12 años.
Fue una mañana, no había niños corriendo ni música en el aire como solía haber en los recreos, fue en horarios de clase, la cité en unas sillas cerca de la caja. Lo imaginé mejor, le concedí todos mis deseos y los recibió con una mirada fría e indescifrable, me miró y yo la miré, me gustó y en ese momento, creí que también le gusté, tras pausas prolongadas declaramos el silencio y nos conquistaron los pensamientos, nos hicimos paralelos, nunca tocándose. 
Aquella mañana, aún la huelo, fue la última vez que me sentí cómodo con ella, que ella se sintió comoda conmigo y que compartimos miradas como solíamos compartir música.
Amigo mío, te juro que daría lo que fuera porque nada de eso hubiera sucedido, que hubiera permanecido en mi mente y a ratos evocara ligeras sonrisas y esperanzas.
Amigo mío, no se que hacer conmigo, me detesto demasiado.

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