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miércoles, 22 de mayo de 2019

Oscuro Castillo

Entré al tocador, no sabía qué esperar, si me vislumbraría o me aclararía la presencia de la reina dentro del castillo. Observé minuciosamente entre esquinas y aserrines los elementos del buró frente a mí. Un perfume floral, un peine de marfil, unos lentes agazapados con forma de tapa Glenfiddich, unas cartas truncas con tintes de fuego negro y un par de dados. La suerte y el destino jugaban dentro del cuarto, y lo que se venía, despues de cruzar la rendija de la trampilla ubicada justo a lado mío.
Crucé el umbral. 
Era obscuro y frío, las gotas parecían pequeños bebés regocijándose, creían que era su madre la que arremataba dentro de ese cuarto. Caminé con miedo a la luz y a la oscuridad blanca, no quise prender mi espada en fuego, tenía miedo. Caminé y caminé, poco a poco cobraba ánimos y seguridad para trotar, estaba corriendo, y no era porque huyera de algo, no, quería ser libre y volar, recorrer la habitación y olerla, observarla y que desprendieran llamas luminosas. Prendí la antorcha de la estantería de libros. Para mi impresión había un cuadro Maquiavélico a la cabeza de la lumbre, parecía ser una luna de hielo, triangular, no, piramidal sobre un fondo azul galáctico y con el título de DE LOS DESQUICIADOS. 

- De los desquiciados, ¿que querrá decir eso? ¿Dudarlo me traerá algún camino? Será cuestión de esperar.

Seguí caminando la habitación, no me creerán cuando cuente los cuentos que me encontré, eran infinitas las estanterías, agarré algunos de abajo y los apilé para formar una escalera. Estaba hasta arriba del cuarto, veía el techo y las ratas, las grietas y las cloacas. Apareció de nuevo una pintura, era similar pero la forma del hielo era irreconocible, fuera de mis capacidades de percepción la llamé de una cuarta dimensión, no sabría decirles la forma de aquello, parecía moverse, como si un círculo dentro un cubo se estuviera expandiendo y eventualmente sería el cubo dentro del círculo expandiéndose. 
Se titulaba DE LOS AFLIGIDOS.

- De los afligidos, ¿qué me querrá decir eso?
Dudar sólo me causa más dudas, debería hacer algo al respecto.

Volteé hacia atrás, un libro verde entre todos los cafés reflejaba una entrada a mis ojos, LÁNZATE, decía él, AVIÉNTANTE, decía su compañero subtítulo del autor "Simplista". Sentía la presencia de alguien, me cacharon los bebés, se dieron cuenta que no soy su verdadera madre, ahora esperan al destino y a la gravedad a que hagan justicia, volvía a escuchar sus risas pero se tornaban en fuertos sollozos, eran gritos de desesperación, no sabía que hacer, de algún modo tendría que bajar pero hacerlo escalón a escalón, libro por libro, lentamente dolería más, decidí brincar.

En un instante la pila de libros se encontraba a mi lado, unos encima de mi cabeza, de mi trasero, otros enfrente de mí para poderlos ver una vez más. No encontré a la princesa, pero encontré muchos libros, no recuerdo si alguna vez me hablaron de una reina y tampoco de un final que nunca esperaría. Mi propia muerte. El estrepitoso golpe tumbó ambas pinturas, las desgarró la caída. Sentía ese sentimiento de angustia que perpetuaba el sufrimiento para siempre, pero cuando me encontré con el suelo y la habitación sola, dejé de tener miedo. De qué habrían servido haber leído todos los libros. Dejé de ser un afligido, dejé de ser un desquiciado más. Tenía todas las soluciones a mis problemas.

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